CENTRO VETERINARIO PRADO DE BOADILLA
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ANSIEDAD POR SEPARACIÓN

 

 

La ansiedad por separación es un desorden del comportamiento animal que consiste en que la mascota no tolera la separación física de su dueño aun por breves periodos de tiempo. Generalmente está condicionado a una excesiva dependencia de la mascota hacia su amo. Los animales afectados suelen presentar conductas destructivas y/o aberrantes.

 

Entre los síntomas más típicos asociados a esta patología podemos destacar:

.- Ladridos y aullidos descontrolados cuando están solos.

.- Arañado, mordido y destrozos de muebles, alfombras, paredes, puertas...

.- Defecación y/o micción en lugares inapropiados (generalmente claramente visibles                  

   para llamar la atención del propietario).

.- Ingestión de sus propias heces.

 

Generalmente es un problema comportamental que se debe abordar desde un doble punto de vista, farmacológico y educacional. Probablemente un tratamiento, solo farmacológico o educacional, nos conduzca al fracaso. Debe hacerse entre un veterinario y un educador en estrecha colaboración

La terapia educacional, realizada por un especialista en comportamiento, está encaminada a potenciar actitudes tranquilas e ignorar aquellas que se consideran ansiosas. Se trata de reducir la dependencia del animal hacia el dueño favoreciendo actitudes que fomenten la independencia de la mascota.

La terapia farmacológica se realiza, bajo control veterinario, utilizando ansiolíticos. No se usan tranquilizantes en ningún caso ya que lo que necesitamos no es sedar a la mascota sino reducir sus niveles de ansiedad.

 

El pronóstico es mejor cuanto antes se diagnostique la patología y menos severos sean los síntomas. Si esperamos a que la sintomatología sea excesiva, probablemente sea muy tarde para resolver el problema.

ANSIEDAD EN GATOS

 

El SNC (Sistema Nervioso Central) es el responsable de la gestión, asimilación y acomodación del individuo a su medio. Existen distintas sustancias liberadas por el SNC, para favorecer esa adaptación, que actúan sobre el organismo del gato. Si la adaptación al entorno no es adecuada, se desarrolla un cuadro de ansiedad con sus manifestaciones.

 

El lamido, el mordisqueo de uñas y el rascado exagerado son síntomas que pueden ser consecuencia de una situación de ansiedad y/o depresión.

 

La ansiedad puede tener su origen en multitud de factores que se pueden agrupar en 3 bloques principales según el tipo de ansiedad que desencadenan:

.- ansiedad de privación: generalmente en animales que crecen en situaciones de aislamiento (absoluto o con relación con un entorno humano muy reducido).

.- ansiedad de territorialización: por trastornos en la vida del gato como mudanzas, cambios de mobiliario, muerte de algún miembro de la familia, etc. Se manifiesta con marcaje urinario insistente. Los castigos por esta conducta y el limpiar las zonas marcadas pueden empeorar mucho el cuadro.

.- ansiedad en lugares cerrados: se da en animales que no pueden salir al exterior por falta de estímulos visuales. Se manifiesta con carreras, agresiones e hiperactividad, sobre todo al atardecer.

 

SÍNTOMAS

Las manifestaciones psíquicas, además de las ya citados de agresiones, carreras y marcaje inadecuado, pueden incluir comportamientos de huida, miedo, conductas compulsivas...

Los síntomas somáticos

.- Cutáneos: lo más llamativo es la alopecia por acicalamiento exagerado que puede ser muy amplia, afectando a todo el abdomen, flancos y espalda, o ser discreta y localizarse en la parte posterior de abdomen y de las patas traseras. En ocasiones hay lamido de la trufa, labio superior, rascado de la cara y el cuello y mordeduras o arañazos en cola y extremidades. También puede darse mordisqueo de uñas.

.- No cutáneos: la ansiedad puede afectar al sistema cardiorrespiratorio (taquicardia y taquipnea), al digestivo (babeo, diarrea e incluso bulimia que puede acabar en excesiva ganancia de peso).

 

Debemos prestar mucha atención por si ha habido cambios en el hábitat del animal, cambios ambientales, introducción de nuevos animales (de su misma especie o de otras). El tratamiento se dirige a detectar e intentar controlar esos cambios que desencadenan el problema mediante terapias comportamentales. Hay terapias ecológicas como la feromonoterapia y tratamientos homeopáticos que favorecen la estabilidad emocional del gato. Otra opción de tratamiento es mediante el uso de antidepresivos y ansiolíticos. Es importante consultar con el veterinario antes de iniciar cualquier tipo de tratamiento, ya que debe ser observado muy de cerca y pautado de forma individualizada.

LA EDUCACIÓN DEL PERRO

 

Es muy importante tener bien educados a nuestros perros. Una cosa que nos resulta muy llamativa, cuando viajamos a ciertos paises (Francia por ejemplo), es que vemos a gente en bares y restaurantes con sus mascotas. No solo permiten el acceso de animales a estos lugares sino que, incluso, se les pone agua fresca. Eso ocurre porque los animales están bien educados y no se dedican a molestar a otros comensales ni a otras mascotas. Por el contrario, en España, sólo podemos llevar a nuestros animales a las terrazas y, muchas veces, observamos comportamientos lamentables que no son corregidos por los dueños. Si queremos que, algún día, ocurra aquí como en otros países debemos implantar y mantener unas normas de conducta desde que el perro llega a casa y para siempre. Cuando el animal llega a casa, debemos ir marcándole unas pautas de conducta en diversos aspectos, como en la alimentación, las micciones, el comportamiento social dentro y fuera de la familia…

 

Comportamiento social.

El periodo de socialización de un perro se considera que dura hasta los tres meses de edad. Durante este periodo el perro debería tener contacto con otras mascotas y con el entorno social que nos rodea. Cuando empezamos a sacar a nuestra mascota a la calle tras la finalización de las vacunaciones, es normal que se asuste por los ruidos y los extraños. Es en este punto cuando debemos utilizar los refuerzos positivos para estimular su confianza y evitar las situaciones de estrés. También es muy importante que el animal aprenda a relacionarse con personas ajenas a la familia. Debe aprender a saludar sin saltar sobre la gente, esperar pacientemente a que sus dueños terminen una conversación y, por supuesto, a no molestar a nadie. Es responsabilidad del propietario, y de nadie más, preocuparse por moldear el carácter de su animal. Dentro de esta tenencia responsable de animales hay que promover el civismo del propietario. Tal vez lo más llamativo en este sentido es la recogida de las heces de nuestro animal para mantener limpio el entorno si no queremos que nos critiquen a los dueños (con razón) ni a los animales (sin motivo).

 

 

¿Cómo premiar a nuestro perro?

Si bien hemos dicho que hay que reprimir conductas indeseables, no es menos cierto que tenemos que premiar las conductas y actitudes positivas de nuestro animal. Lograremos más con el premio que con el castigo. Hay distintos métodos para premiar a nuestras mascotas. Durante la etapa de cachorro, cuando haga algo adecuado, le recompensaremos, en primer lugar, con algo de alimento. Gradualmente iremos sustituyendo este premio por periodos de juego, y posteriormente lo acostumbraremos a que su premio sea siempre una caricia y felicitación verbal. Esto no quiere decir que esporádicamente no podamos recompensar su buen comportamiento con una “chuche de perros”.

En las tiendas especializadas y en clínicas veterinarias existen innumerables juguetes con los que estimular a nuestro perro para su correcta educación, así como distintos tipos de premios alimenticios específicos para ellos.

FOBIAS

 

Las fobias son problemas de comportamiento muy habituales en nuestras mascotas. Ahora que llegan las fiestas y es habitual que se oigan petardos y, por supuesto, durante las quemas de castillos de fuegos artificiales, algunos perros pasan un autentico calvario. En muchas ocasiones, estas y otras fobias, tienen su origen en una mala socialización de la mascota cuando es un cachorrillo. No se acostumbran a ruidos extraños y, en consecuencia, reaccionan de manera exagerada a esos estímulos desconocidos. Esas reacciones anómalas van desde un simple temblor y esconderse bajo la cama a manifestaciones mucho más llamativas como ladridos, aullidos, destrozos del mobiliario de la casa… Hay casos documentados en los que un perro ha llegado a arrojarse por una ventana cerrada de un segundo piso a la calle para poder huir de aquello que le aterra tanto. Sin llegar a este extremo sí que vemos con muchísima frecuencia perros que se escapan de casa descontrolados y ni siquiera obedecen al dueño.

 

El tratamiento de esta patología es, muchas veces, tarea de un especialista en comportamiento animal en combinación con el veterinario. Se suele hacer una desensibilización frente a los estímulos que causan problemas, junto con el empleo de fármacos ansiolíticos. Se va presentando el estímulo problemático en “dosis bajas” (a volumen muy reducido, por ejemplo) haciendo ver al perro que no ocurre nada para luego ir incrementando la potencia del estímulo según el animal vaya superando su problema. En caso de ser necesario, como ya indicábamos, se añaden a la terapia drogas ansiolíticas.

 

Dentro de esta misma fobia a los sonidos fuertes podemos incluir la fobia al secador. Muchos propietarios comentan los problemas que tienen para secar a sus mascotas tras el baño porque el perro no aguanta el secador. El ruido de los autobuses, motos, disparos, obras… son otras fobias por ruido muy habituales. Muchos de estos problemas los podemos solucionar con una buena socialización de la mascota. Cuando son cachorros debemos acostumbrarlos a todo tipo de ruidos y situaciones sin sobreprotegerlos para que sean ellos mismos los que superen sus miedos. Una vez que la fobia está establecida y tenemos un animal adulto, la solución pasa por los profesionales.

 

Por supuesto, dejamos para el final la fobia más habitual de las mascotas… ¡la fobia al veterinario! Aunque cada vez conseguimos que sean más los animales que vienen a la consulta, no solo sin miedo, sino contentos. Como nuestro amigo “Curro” un estupendo golden retriever que todos los días viene a la clínica a que le demos una chuche.

 

PROBLEMAS DE AGRESIVIDAD CANINA

 

Existen alrededor de una docena de tipos de agresividad canina. Entre todos estos tipos podemos destacar la agresividad por conflicto, por dominancia, posesiva, territorial, entre perros, inducida por el juego, por excitación, por miedo, por dolor, redirigida, maternal y depredadora. A su vez estas categorías las podemos reunir en tres grandes grupos que serían la agresividad afectiva, comportamiento depredador y la agresividad por juego.

 

Vamos a hablar un poco más en profundidad de algunas de ellas

 

.- Agresión a los miembros de la familia:

Suele darse cuando el perro se siente desafiado o está asustado y suele se una agresividad por dominancia. Suele darse en mayor medida en perros machos adultos no castrados. Suele comenzar durante los dos primeros meses de tenencia iniciándose como consecuencia de la imposición de disciplina o por comida. Otra posibilidad es que la agresión sea relacionada con conflictos. Suele darse en cachorros excitables. Existe también una predisposición racial en spaniels, terriers y razas enanas. Muchas veces la agresividad no se limita al su entorno social y aparece agresión hacia extraños. Son perros con un conflicto emocional de aproximación-rechazo hacia las personas. Cuando alguien se les acerca, aumenta la ansiedad y muestra signos de agresividad. Si la persona amenazada retrocede la amenaza disminuye. Esto hace que la agresividad se vuelva condicionada ya que el perro aprende que si muestra agresividad, nos retiraremos y su estrés desaparecerá.

 

.- Agresión por posesión:

La defensa del alimento o de algún objeto es un comportamiento canino natural pero no aceptable. Se exagera cuando el perro está asustado por un enfrentamiento por el objeto en cuestión, así que sería otro tipo de agresividad por conflicto.

 

.- Agresividad territorial:

Se da hacia personas o perros extraños en la propiedad del dueño o en la proximidad del mismo. Es otro comportamiento que, si bien es inaceptable, es normal en el perro.

 

.- Agresividad entre perros:

Puede relacionarse con el estatus, territorio, miedo o depredación. En caso de la agresividad entre perros que conviven juntos (“rivalidad entre hermanos”) suelen deberse al estatus entre los perros o a competencia por el cariño del dueño. Suelen ser agresiones graves, sobre todo entre hembras.

Las peleas por el estatus se dan entre animales con un orden jerárquico similar o cuando un joven alcanza la edad adulta y reta a otro que tal vez no puede mantener su posición. Hay que decidir cual es el perro dominante y tratarle como tal y tratando al orto como subordinado (priorizando el orden de comidas, caricias,…)

 

.- Agresividad por depredación:

Tiene un importante componente genético y puede ser difícil de tratar. Es muy peligrosa porque no hay aviso previo y no se inhibe el mordisco. Es muy importante la socialización del cachorro con especies que no debe considerar presas (otros perros, gatos, niños,…). Hay que ser cuidadoso a la hora de seleccionar una raza con un importante sentido depredador.

 

Todos estos tipos de agresividad pueden ser tratados. Generalmente no con un tratamiento farmacológico sino con tratamientos de modificación de conducta, adiestramiento, desensibilización frente a las situaciones de miedo o estrés, etc. Existen también fármacos que pueden ayudar en las terapias pero se aplican, casi exclusivamente, en el caso de que la educación sola no basta. Los fármacos sin reeducación no son efectivos mientras que las terapias de conducta por sí solas sí que son eficaces muchas veces. Es importante estar atentos a cualquier signo de agresividad por parte de nuestro perro para poder atajarlo lo más pronto posible ya que el tiempo es un factor importante a la hora de poder resolver este tipo de problemas conductuales.

TRASTORNOS COMPULSIVOS EN EL PERRO

 

Los trastornos compulsivos u obsesivos son de frecuentes en diversas especies, incluidos los perros.

Se caracterizan por el desarrollo de una secuencia de comportamientos repetitivos sin una finalidad determinada y que pueden llegar a producir daños físicos (sobre el animal y su entorno) y, obviamente, alterar la relación con el propietario del animal. Estos desórdenes están asociados, generalmente, con comportamientos naturales de carácter innato como el acicalamiento, el instinto de caza, el acto de comer y la locomoción.

 

Las alteraciones durante el acicalamiento llevan al animal a lamerse insistentemente las extremidades, incluso hasta provocarse alteraciones serias de la piel, o a mordisquearse los "pies" y las uñas. Esta manifestación es más frecuente en perros de razas grandes y activas seleccionadas para el trabajo (como el Pastor Alemán, Pastor Belga…). No es extraño que este problema esté asociado a otros trastornos de comportamiento como la ansiedad por separación y el miedo a ruidos fuertes (tormentas, cohetes).

Mordisquearse los flancos y chuparse con insistencia se considera que tiene relación con el comportamiento del cuidado maternal. La persecución de la cola o de su propia sombra, y la caza y masticación de moscas se asocian la instinto depredador. Los movimientos en círculo, correr alrededor de una valla, excavar o deambular constantemente son otros problemas obsesivo-compulsivos que pueden padecer los perros.

La aparición de un tipo de comportamiento obsesivo u otro depende, en ocasiones, de la raza y de las experiencias vividas por el animal; no todos los Westies se muerden las uñas ni todos los Pastores Alemanes se persiguen la cola . Se considera un problema serio cuando compromete su bienestar, evita que se comporte de un modo adecuado, resulta en automutilación o compromete la convivencia con los propietarios. A menudo el comportamiento compulsivo es el resultado de una situación de ansiedad o estrés que el perro no es capaz de manejar. Este conflicto emocional puede manifestarse inicialmente en momentos concretos (cuando está expuesto a la causa desencadenante de su estrés) y posteriormente hacerse habitual en todo tipo de situaciones.

Para poder tratar estos comportamientos obsesivo-compulsivos debemos:

 
 

1.- Identificar la causa del conflicto.

2.- No castigar al animal, ya que esto aumentaría su estrés.

3.- Contactar con un profesional para hacer una terapia de modificación de conducta. 4.- Hacer ejercicio diario es una buena medida para reducir la ansiedad.

5.- Enriquecer el ambiente con juguetes nuevos que le distraigan y le mantengan ocupado. Además necesitan interacción social con el propietario.

6.- Intentar establecer una rutina para los paseos, horarios de comida, entrenamientos y juego. Este “horario ordenado” transmite seguridad a la mascota.

7.- Tratamiento medicamentoso prescrito y supervisado por un veterinario y con asistencia de un educador profesional. La medicación, por regla general, será más necesaria en casos crónicos

DE VACACIONES CON LA MASCOTA
 

Resumimos en éste artículo los puntos básicos de cómo tratar a nuestras mascotas durante las vacaciones; tanto si viajamos con los animales, como si los dejamos en casa.

 

SI NOS LLEVAMOS A NUESTRA MASCOTA

Hemos de tener en cuenta que nuestra mascota también necesitará una maleta en la que incluiremos su pienso habitual (por si nos resulta difícil encontrarlo en nuestro punto de destino), comedero, bebedero y un botiquín con las medicinas que tenga que tomar la mascota (en caso de necesitarlo), y un pack de primeros auxilios, con alcohol, desinfectantes, gasas, esparadrapo... para prevenir cualquier contingencia que pueda surgir. También es aconsejable llevar el número de teléfono de su veterinario habitual, ya que aunque es fácil encontrar otro facultativo en el lugar de vacaciones, su veterinario es quien mejor conoce la historia de su perro o gato.

Durante el viaje (de ida o de regreso) hemos de observar unas medidas beneficiosas tanto para la mascota como para el conductor del vehículo si el desplazamiento es en coche. Debemos prevenir mareos y vómitos de nuestro animal. Para este fin existen diversos medicamentos que su veterinario le recomendará. No lo olvide si su animal tiende a marearse. Otra cosa importante es vigilar  si aparecen el temido golpe de calor. Es una elevación muy fuerte de la temperatura corporal del animal, que puede resultar fatal. Tengamos en cuenta el fuerte calor que hace en verano. Para prevenirlo, es aconsejable llevar el aire acondicionado puesto, hacer paradas frecuentes para que nuestra mascota se refresque y se mueva y, por supuesto, llevar agua para prevenir deshidrataciones. Básicamente, las mismas normas de precaución que tomamos las personas. Es muy importante no dejar el coche estacionado al sol si nuestra mascota va a quedarse dentro. Si el animal permanece en el vehículo debe estar a la sombra y con las ventanillas entreabiertas. Recuerde que, durante el trayecto, la mascota debe ir aislada del conductor para evitar accidentes. Esto lo logramos llevando a la mascota en un transportín, asegurada con cinturones de seguridad especiales o separada por redes homologadas.

Una vez estamos en nuestro lugar de veraneo, debemos tener en cuenta ciertas enfermedades frecuentes en algunas zonas. Si nos dirigimos a la zona mediterránea, Canarias o valle del Ebro,  debemos prevenir la infección por filarias o gusano del corazón. Su veterinario le aconsejará sobre los productos a emplear para prevenir y/o tratar esta enfermedad, así como del momento más oportuno para su uso. En otras zonas, como la cornisa cantábrica, deberemos vigilar las picaduras de garrapata y las enfermedades que transmiten. Hable con su veterinario cuando tenga decidido su lugar de vacaciones para prevenir estas patologías.

Si vamos a la costa, hay que poner especial atención a las insolaciones, golpes de calor, quemaduras... Insistimos en la importancia de tener agua siempre a disposición del perro o gato. Darle crema solar protectora si su piel es muy fina, y ducharle con agua corriente para quitar la sal de su piel y pelo si se ha metido en el mar.

En la montaña, también hay que vigilar las deshidrataciones, golpes de calor, quemaduras, etc. Además debemos prestar especial atención a las almohadillas de sus patas; muy sensibles, sobre todo si no está acostumbrado a largas caminatas.

 

SI NUESTRO ANIMAL NO VIAJA CON NOSOTROS

Podemos llevar al animal a una residencia (las hay tanto para perros como para gatos). Es importante ver varias y decidir cual es la que mejores condiciones ofrece a nuestro animal; higiene, paseos, atención veterinaria, alimentación, etc. Muchas veces un ahorro de unos pocos euros pueden suponer una diferencia abismal en el trato a nuestra mascota.

Si el animal se va a quedar en casa, nos aseguraremos de que alguien le va a alimentar y dar de beber, pasearlo, limpiarlo,... Tal vez sea esta la situación más frecuente en gatos.

 

EL REGRESO A CASA

Al retorno de las vacaciones conviene ir al veterinario. Allí se verá si ha habido algún problema durante la estancia fuera de casa; ya sea en una residencia o en el lugar de vacaciones familiar.

 

REGRESO DE LAS VACACIONES

 

Al retornar a casa tras las vacaciones, si hemos llevado a nuestra mascota con nosotros, debemos acudir a nuestra clínica veterinaria habitual para someter a una revisión a nuestra mascota.

 

Según el destino elegido, nuestro animal, puede haber estado expuesto a determinados patógenos no habituales en nuestro lugar de residencia. El ejemplo más claro es el de la filariosis. Esta es una enfermedad causada por una lombriz (dirofilaria immitis) que, a diferencia de las más o menos habituales lombrices intestinales, se aloja en el corazón y en los grandes vasos de los perros. La transmisión este parásito, comúnmente llamado gusano del corazón, es por picadura de mosquito. La zona más peligrosa para nuestra mascota son las Islas Canarias aunque otras zonas como la costa levantina, el delta del Ebro, Cádiz, Huelva, Extremadura y Salamanca, también presentan una elevada incidencia de esta enfermedad. En los últimos años han aumentado los casos de dirofilaria en la Comunidad de Madrid por lo que recomendamos el establecimiento de unas pautas de prevención. Esta consiste en administrar antiparasitarios a la vuelta de las vacaciones para eliminar las formas larvarias, antes de que lleguen a adultas y puedan ocasionar problemas graves. Actualmente existen productos  que inyectados una vez al año nos protegen durante éste de una posible infestación por la microfilaria, forma larvaria del llamado gusano del corazón.

 

En otras zonas, donde no existen problemas apenas con la filariosis, como en la cornisa cantábrica, nos encontramos con problemas causados por las pulgas. Si nuestra mascota ha estado en esta zona de vacaciones sin la protección adecuada puede habernos traído acompañantes indeseables a casa. Así que lo mejor, una vez más, es acudir al veterinario para comprobar que todo está en orden y, si hay problemas, solucionarlos cuanto antes.

 

Algunos animales también acusan mucho los largos viajes, se estresan y sufren, como consecuencia, bajadas de defensas que los dejan expuestos a procesos infecciosos respiratorios, cutáneos, digestivos, etc. Algunos toleran mal los cambios de agua durante los primeros días. Suele ser un problema transitorio sin más importancia pero que conviene vigilar.

 

Nos permitimos también recordar que, durante el verano, nuestra mascota puede haber contraído leishmaniosis, a pesar de haber empleado adecuadamente los antiparasitarios externos recomendados por nuestro veterinario, y que casi todo el territorio nacional es zona endémica de esta enfermedad tratable, pero extremadamente grave si no se diagnostica a tiempo. Como cada año, recomendamos  hacer un análisis de sangre a todos los perros a partir de finales de octubre. De este modo podremos saber si nuestro animal ha sido contagiado y, con un diagnóstico precoz, podremos efectuar un tratamiento efectivo con mayores garantías de éxito.

 

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